viernes 26 de junio de 2009

Mi relación con la chica de las resonancias magnéticas.

-Hola, buenas tardes, venía a recoger unas pruebas.- Dije de forma apresurada y medio jadeando. Eran las 19:56 y a las 20:00 cerraban la ventanilla. Ya habían pasado varios días desde que mi padre me hizo el encargo y las cosas se podrían empezar a poner feas.

-Buenas, ¿a nombre de quien?.- Respondió la chica que estaba detrás del mostrador casi sin mirarme. Era una chica joven, rubia de peluquería y con una cara bastante resultona sin llegar a ser guapa. De cualquier modo, el mostrador siempre es un obstáculo indeseable a la hora de describir a una mujer.

- Juan, Juan López. Pero no son para mí, traigo aquí la autorización. ¿Necesitas mi DNI?.- Pensé que estaba empezando a liar las cosas, igual la chica se hacía un lío al ver que mi nombre y el del paciente eran iguales sin tratarse de la misma persona.

-Si, si, déjame tu DNI por favor.- Con esto me quedé algo más tranquilo, pues vería que el segundo apellido era distinto y fin del problema. Parecía cansada, no debe dar gusto que alguien se presente y te haga trabajar cuando apenas quedan tres minutos para terminar la jornada laboral.

-Aquí lo tienes.- Me apresuré a decir. Como siempre me ocurre, empecé a rebuscar en la cartera y tardé en entregárselo diez ó quince segundos. Tras un silencio incómodo, empezó a examinar mi DNI comprobando que se trataba del mismo que anunciaba la autorización. Tras confirmar que sí, que era yo, se levantó y abrió varios cajones hasta dar con la resonancia.

-Pues ya está, fírmame esto y listo.- Noté cierto descanso en su voz al ver que se acercaba el momento de perderme de vista e irse a su casa. En ese rato también me di cuenta de que el mostrador no le hacía ninguna justicia. Y tal y como está la sociedad, me atrevería a decir que actuaba como un gran freno en lo que podría ser una meteórica carrera profesional dentro de ese centro médico.

-Muchas gracias, muy amable.- En ese momento eché mi firma en el resguardo del volante y comencé el gesto de darme la vuelta e irme.

-¡No, no! Espera, una cosa más. ¿Relación con el paciente?.- Sabía que lo de dos ‘Juan López’ me traería problemas, aunque puede que se tratara de una formalidad que había pasado por alto.

-Ummm… pues buena, bastante buena, precisamente hace un rato he hablado con él y dice que como ha comido por ahí que va a cenar un tomate partido con un poquito de sal y aceite.- Me dí cuenta del equívoco justo cuando terminé de hablar, tarde para arreglarlo. Lo único que quería era irme y salir de una situación tan embarazosa.

- No. Me refiero a si sois familiares, amigos, que qué relación tenéis.- Su rostro cambió, esbozó una leve sonrisa y comenzó a parecer más guapa que resultona.

-¡Ahh!. Padre, padre. O sea, que el paciente es mi padre, no es que yo sea el suyo. No se si me estoy explicando.- Ya no sabía donde mirar, ahora que parecía guapa la chica, yo empezaba a parecer idiota.

- Vale, perfecto, ya está todo arreglado.- Volvió a decir medio riéndose. Que chaval más raro pensaría.

Cabizbajo creí haber recogido todos los documentos y me marché de forma casi maleducada. Ya por la calle, me di cuenta de que me había dejado el mp3 encima del mostrador. Vaya cabeza que tengo, pensé. Entré sigiloso por el los laberínticos pasillos del sanatorio. La mayoría de la gente se había esfumas, eran las 20:15, confiaba en que allí hubiera alguien preparado para devolverme mis 30 gigas de música gratuita.

Llegué al último pasillo y giré a la izquierda un poco despistado, de repente me topé de bruces con el mostrador. Allí yacía mi Ipod.

- ¡Chaval! Que te olvidabas el cacharro ese.- Me dijo una voz que venía desde la izquierda. Me di la vuelta y allí estaba la chica resultona entregada a los brazos de un cuarentón de bata blanca.

Antes de llamar a mi padre para decirle que tenía su salud en mi poder, me vino a la cabeza, ‘el mostrador siempre ha sido y será una barrera para el cliente, igual no tanto para los compañeros de trabajo”.

jueves 25 de junio de 2009

El Plan E de la piscina de la Complutense

Mi universidad se ha marcado el objetivo de terminar con la crisis y con el paro de un plumazo. Se han creado su propio Plan E, que es inigualable, fiable, y que sobre todo genera puestos de trabajo útiles y con proyección.

Volvía de ver que efectivamente me habían suspendido derecho de la información y me dirigía a la piscina, donde me esperaban los amigos para pasar una entrañable tarde de piscina. Era mi primera vez y no me podía imaginar lo que me esperaba, ni de lejos.

No se si os acordáis de cuando me renové el DNI. Había un agente que solo se dedicaba a dar el ticket, vamos que se dedicaba a dar la vez. Era un hombre convertido en uno de esos dispensadores de tickets rojos de la charcutería de mercadona. El dispensador había cobrado vida y encima tenía bigote. Pues esto es parecido.

Bajé unas escalerillas y enfilé la entrada de la piscina con mi carnet de la Complutense en mano. Confirmé en un tablón que mi tarifa era la más baja, 2,85 euros y me puse en la cola. En este caso la vez se guardaba de forma tradicional; "¿quien es el último?". Era ya mi turno y me topé con el primer de los beneficiados del Plan E piscinero, un hombre mayor, de unos 60 años, pelo cano y pinta de intelectual.

- Muy buenos días, son 2,85 por ser de la Complutense.- Me dijo bastante serio, pero muy profesional. Le di 10 euros y parecía que nuestra relación cliente-trabajador había terminado.

Acto seguido me devolvió un billete de cinco euros, aquí entra en juego el Plan E piscinero. Los otros cinco euros se los dio a otro compañero. Este segundo profesional lo cambio en monedas e introdujo el dinero moneda a moneda en una máquina de los años 80. La máquina expendió un ticket y ya parecía que iba a conseguir entrar en la piscina. Este segundo profesional tenía otras características, más joven y musculado estaba acorde a las exigencias físicas de su puesto.

Puse la mano esperando las últimas vueltas, esos 2,15 euros restantes. Noté el peso de la calderilla en mi mano, pero ni rastro del ticket. El papelito había pasado a manos de un tercer empleado. Enratonado, con gafas, estaba sentado en un pupitre de preescolar detrás de la máquina que producía los tickets. Me hizo un gesto para que me acercara a él y liberara espacio de la cola y así pudieran pasar los demás.

Miró el papel salido de la máquina de arriba a abajo, como comprobando su veracidad. Cómo va a ser falso si acaba de salir de la máquina y por si fuera poco, se lo acaba de dar su propio compañero (el especializado en la introducción de monedas), pensé por mis adentros.

-Todo en orden, adelante-. Espetó con una voz ronca y de ultratumba muy poco propia de alguien de sus características físicas. A la vez que me daba el visto bueno firmó el ticket y me lo dio.

FIN DEL RELATO.

Creo que no se han dado cuenta de que si prescinden de la máquina aún podrían trabajar un par de personas más en semejante rompecabezas con forma de acceso a la piscina. Ya lo dice la prensa económica "Innovación y creatividad contra la crisis".

miércoles 10 de junio de 2009

La importancia del tipo de vaso en el futbol de ataque

Jugar al fútbol es una de mis pasiones, desde pequeño me encanta darle 'patadicas' al balón. Muchas veces, sobre todo en clases de idiomas y a modo de práctica me han preguntado ¿qué sueñas ser de mayor? siempre he respondido lo mismo, "yo, futbolista".

Humildemente he de decir que conforme pasan los años juego mejor. Quizás a la edad de 30 años pueda jugar en algún equipo de tercera, quien sabe. De pequeño no jugaba mal, lo que pasa es que tenía alguna que otra desventaja con el resto de mis compañeros. La primera residía en mi reducida estatura (soy de los que di el tirón a los 17 ó 18) y la segunda, mucho más definitiva que la primera, era la ausencia de lentillas en ese momento. Pon tu a Messi a jugar con 4 ó 5 dioptrías de hipermetropía y astigmatismo en cada ojo. A ver cuantos balones controla así de primeras.

Ya rompía yo suficientes gafas en mi día a día como para sacrificar un par cada domingo de partido. Con el avance de la óptica y de mi estatura pude subsanar estos problemas a los 17 años, justo cuando empecé a jugar al fútbol de forma aceptable. Bueno, ese no es el tema, que me estoy perdiendo...

...ah si, ayer fui a jugar al fútbol. Iba con un par de amigos íntimos y con otra veintena que no conocía. El grupo se podría dividir en dos subgrupos si nos atenemos a razones socioeconómicas. Uno primero, cerca de la treintena, profesores en su mayoría, bien avenidos y con muchos cuartos al no tener que pagar aún hipoteca. El segundo, igual de numeroso, estaba compuesto de chavales de barrios periféricos de Albacete, todos entre los 18 y 20 años. Ambos grupos con algo en común, muchos años de fútbol provincial.

A la hora de hacer equipos, la cosa estaba clara. Me integré en el primer grupo, más afin a mi idiosincrasia, salvo por la edad y el dinero.

-¿Tenemos petos? de alguna forma tendremos que diferenciarnos.- Dijo una voz proveniente del primer grupo.

- ¡No pasa na! jugamos nosotros sin camiseta, que así nos da el sol.- Respondió de forma instántánea uno de los integrantes del grupo dos.

Si en algo me parezco a mi madre es en que si pongo atención no se me escapa una. En cuanto se despojaron de las camisetas saqué varias conclusiones. Estaban casi todos cultivados en gimnasio y eran de piel bastante oscurecida, lo cual me hace pensar que suele jugar sin petos casi a diario. La mayoría llevaba un tatuaje y en algunos casos cicatriz.

Una vez con el balón rodando, me di cuenta de que nos iban a meter una tunda importante. Corrían el doble. En uno de los los lances del partido uno de ellos, posiblemente el mejor de los 22 sobre el campo, metió un gol bastante bonito. Volvía de celebrarlo y me crucé con él. Derrepente, un destello de luz cegó mis ojos y temí volver a mi época de alevín cuando no veía al balón acercarse. Algo les pasa a mis lentillas, nunca llegaré a ser futbolista, pensé.

Pasados cinco segundos, todo volvió a la normalidad. El goleador dejó de darse golpecitos en el pecho a modo de celebración y por fin pude descubrir el nacimiento de ese haz de luz cegador. El susodicho en cuestión llevaba un piercing de oro en plena aureola 'pezonil'. Eso debería tener 300 millones de quilates como poco. Aún frotándome los ojos le felicite por el gol.

-Si, es que juego en el Alba.- Me contestó acto seguido.

El partido finalizó mejor que peor, y cada uno salió de las instalaciones buscando su coche. Mientras la gente de mi equipo abría con el mando a distancia sus Audi, Opel y Volkswagen de tres puertas, el equipo dos entraba uno a uno en un vehículo industrial. Yo diría que era una Citroen Jumper.

La gente de mi equipo se emplazó a tomar un refrigerio en una plaza cercana. Con los coches ya aparcados y un acuarius por barba en mano, comenzamos a departir. Rápidamente, un chaval que destacó en el partido abrió conversación:

- No sé si fue el viernes o el sábado, pero el finde pasado batí mi record. Me metí un whisky con coca-cola en 1,4 segundos, en copa de estas con forma de balón. Se nota un montón que tiene la boca más ancha que los de tubo. Luego probé en tubo y tardé 1,8.

Lo peor de todo es que uno de sus amigos que aún estaba dentro pidiendo el acuarius, salió ipsofacto con un brazo en alto hacia nosotros al escuchar la conversación.

- ¡¡Si si!! Aquí tengo el vídeo.

miércoles 20 de mayo de 2009

Encuentros en la tercera... en la tercera planta.

Bueno bueno bueno... ya se han terminado las festividades madrileñas y ahora empieza una época más estudiantil que de otra cosa. Salvo que el "pep team" nos regale su enésima exhibición, creo que San Isidro fue la última salida nocturna hasta nuevo aviso. San Isidro por llamarlo de alguna forma, porque allí parecía que se celebraba más el aniversario de la defunción por asesinato de Francisco Pizarro (ilustre conquistador del Perú)... y hasta aquí puedo leer.

Vamos con el tema que nos ocupa y que me ha hecho escribir tanto tiempo después. Una vez me dijo mi tio Gerardo, al que tengo por alguien bien cultivado, que tanto los porteros como los serenos eran la principal herencia que dejaron los Bonaparte en España. Y, viendo a mi portera, creo que dista bastante del buen gusto que se suele destilar en "la france". Me imagino que la clase del portero dependerá bastante de la finca, en este caso está bastante acorde todo.

Aventurarme a decir cuantos años tiene sería algo tan atrevido como inseguro. Pelo corto y trasquilado, aspecto desgarbado, gafas antiguas (no retro, antiguas, es importante diferenciar esto) y por último, una voz de estas que la escuchas una vez y parece que no cesa de hablar nunca. De personalidad es abierta, alegre y parlanchina, poniendo especial énfasis en esto último.

Un día, a eso de las 7:55 de la mañana, bajaba yo en el ascensor con mi bici a cuestas con la sana intención de ir a la Escuela Oficial de Idiomas. Al abrir la puerta del montacargas me tope con esta señora, de la que ahora mismo me estoy dando cuenta que desconozco su nombre.

- Buenos días. Ten cuidado en no rayar el ascensor con la bici, que los vecinos están muy molestos y de hecho tienen prohibido meter bicis en el ascensor.- Me dijo de forma amable, desconociendo mis modales de las 7:55 de la mañana.

- Buenas. En todo caso tendré cuidado de que no se raye mi bici con el ascensor.- Respondí con una mezcla entre mala educación e inconsciencia matutina.

- Vale, vale... Si yo lo digo por ti, que los vecinos propietarios son muy quisquillosos con estas cosas, y tu eres de alquiler.- Espetó tratando de calmar mis ánimos.

- Disculpe, pero es que me he imaginado subiendo el armatoste éste por la escalera de caracol de esta santa comunidad y me ha empezado a hervir la sangre.- Ya estaba más tranquilo y comencé a hacer gala de la educación de la que fui provisto por mis padres.

- Nada, tranquilo. Si además, la bici es monísima. Mi marido sale mucho con la bici de carretera, se va a Navacerrada y por ahí. Él siempre ha querido una de estas para callejear, pero no se siente seguro.

- Anda, y eso ¿por qué?.- Respondí con mucha curiosidad.

- Es que mi marido es bastante grueso y en Madrid hay muchas cuestas. Siempre dice que el no tiene problema para subir, pero por lo visto al bajar coge mucha velocidad debido a su peso. Necesita de una bici de carretera, ésta tuya tan mona no aguantaría una frenada de mi marido en plena calle Santa Engracia.- Esto me dejó totalmente fuera de sitio, desubicado.

- Creo que me tengo que ir, llego tarde a clase.- Pasaron los días y en realidad solo deseaba que en algún momento su marido abriera la puerta del bajo "luminoso" en el que viven y saliera con la bici. He de decir que esto sucedió hace no mucho y, si, grueso es un adjetivo bastante acorde.

domingo 22 de marzo de 2009

No, con la bici no puedes pasar...

Hace algún tiempo y añorando mis épocas de erasmus en Leipzig, decidí comprarme una bici de estas plegables, "pa europeo yo". No caí en que ni Madrid es Leipzig y ni las gentes que viven en la capital del reino son como las del pequeño París. La bici es muy 'bonica', 'boniquisma' me atrevería a decir, hasta mi madre sacó una sonrisa de esas de cuando ves a un bebe gordo cuando la vio.

Tras comprarla por Ebay, a un usuario muy eficiente por cierto, la monté con mis propias manos y ya solo me faltaba darle aire a las ruedas, en principio un ajuste menor. Un problema que no debería retrasar mucho mis primeras vueltas por la Gran Vía madrileña. Entre mi pereza habitual y la vaguería extraordinaria que me proporciona el trabajar a diario, tardé unos cinco meses en descubrir donde había una tienda de bicis para inflar las ruedas. También hay que decir que, hacía frio y la válvula de las ruedas es alemana y no se puede inflar en cualquier gasolinera.

Descubrí donde había una tienda de bici, que resultó estar a 3 minutos andando de mi casa y me dirigí hacia allí.

- Hola. Tengo una bici con una válvula algo rara, tengo una foto, se la enseño.- Le dije al dependiente de la tienda. Antes de mirar la foto se apresuró a contestarme.

- Es alemana, tienes que cambiar la cámara, son 3 euros cada una.- Parecia un surtidor de esos que hablan de la gasolinera Cepsa que hay en la A-3 a la altura de la salida Uclés/Tribaldos.

- Vah... trae 'pa aca', toma diez euros y dame una bomba también.- Dije cabizbajo y viendo como se alejaban mis paseos en bici por Chamberí.

Era medio día, estaba cansado, había ido a la Escuela Oficial a las ocho de mañana, pero aún así me remangué y me puse a cambiar las ruedas. Por ese vicio humano de meter pitorros en agujeros, se me ocurrió ver si era posible hinchar la cámara alemana con la bomba que me había vendido el surtidor de Uclés/Tribaldos (provincia de Cuenca).

Cual fue mi sorpresa cuando vi que el aire entraba, con rozamiento y no de forma fácil, pero entraba. Ajusté el sillín y me di unas vueltas por el pasillo de mi casa, moví el sofá del salón y así pude utilizarlo como rotonda para dar la vuelta. Al día siguiente tenía que ir a la facultad y por primera vez fuí con más ganas que nunca. Llegué, tuve un rifi-rafe anteriormente contado en esta misma web y me volví.

Para ir, todo en descenso, la bici era suavidad, calidez y caras de ver a un bebe gordo cuando la gente miraba mi bici modelo Historica- made in China. A la vuelta, todo cambió, la cuesta de ciudad universitaria se me hizo eterna, hacía mucho calor, el único día de calor de todo febrero y estaba cagándome en la bici, en las cámaras alemanas y en los 8 euros que me habían estafado.

Sin embargo, yo soy testarudo y cualquiera lo puede certificar. A las cuatro de la tarde pusé la bici en ruta y me dirigí al trabajo, también era en bajada, el problema lo tendría a la vuelta. Bajé Santa Engracia, llegué a la glorieta de Bilbao, Fuencarral y luego Gran Vía, dicho así parece que está al 'lao', pero mis 25 minutos de bici no me los quitó nadie. En realidad salí algo más tarde de casa, vamos que, llegué tarde.

En la puerta, pliego la bici con la cara de las cosas bien hechas y subo la escalera que da acceso al trabajo. En el control de seguridad saludé como siempre a la auxiliar (más joven y bella) y al segurata de toda la vida (más alopécico y masculino). En la primera encontré la cara de ver a un bebe gordo y en el segundo un rostro... cómo explicarlo... como el de alguien que tiene que comprar gazpacho Don Simón porque el de Alvalle está agotado, no se si me explico.

- Con la bici no puede subir.-

- Cómo que no. ¿No hay gente que viene en coche?, pues yo vengo en bici.

- Lo siento mucho, pero deberías haber pedido un permiso a recursos humanos y que luego lo remitieran a seguridad para tramitar su aceptación.- Me dijo poniéndose burócrata.

- Pues vaya con la bici, me trae más quebraderos de cabeza que otra cosa. Pues hacemos una cosa, si te parece; la dejo atada a aquella farola y tu desde aquí le echas un ojo. Venga, macho... pórtate, en cuanto suba pido el permiso y me la subo para arriba.

- Venga, vale, pero no tardes mucho.

Al final ni pedí el permiso ni 'na de na'. Me cuidó la bici ocho horas y desde aquel día he ido siempre en metro, ser europeo aquí en Madrid es una mierda.

lunes 23 de febrero de 2009

Un segundo...¿cómo ha dicho que se llamaba?

Yo soy previsor como pocos, otra cosa es que luego me valga para algo, pero que la previsión es una de mis grandes virtudes, está fuera de duda. Hace cinco meses me enteré de que iba a trabajar (ser becario, que nadie se piense que estoy contratado) en un medio de información económica. Al día siguiente me tenía que matricular, tenía que elegir optativas y allí aparecía "Información Económica". Trabajar en economía, estudiar economía, matar dos pájaros de un tiro.

Todo se empezó a torcer en el momento que ambos horarios se solaparon. No pude ir a clase y tuve que buscarme la vida y aprender los conceptos económicos más complejos por mi cuenta y riesgo, sin la ayuda de nadie. No obstante avisé al profesor de mi problema, un e-mail que jamás me contestaron. Todo cambió cuando en enero mi horario de trabajo cambio levemente y pude asistir a clase, era el momento de conocer al profesor.

Parecía conocer mi caso, pero al ir a darle la ficha de clase con mi foto (este detalle es trivial en la historia) me dijo que no tenía dónde guardarla, que la perdería. Al día siguiente le hice entrega de la misma, con la seguridad de que tenía donde guardarla. Ya había dado un importante paso hacia el aprobado, entregar la ficha (con foto). También quedé con él en entregarle algunas crónicas de Bolsa que había hecho. Las sinergias comenzaban a funcionar y mi virtud de ser previsor quedaba cada vez más clara. Aprovechar algo del trabajo para aprobar una asignatura significaba trabajar la mitad, el objetivo de todo hombre.

El ritual de entregar las ficha por dos veces también se repitió con las crónicas de Bolsa, costó mucho pero las entregué, todo iba sobre ruedas. Con los trabajos entregados y el examen medio estudiado me veía vencedor, era cuestión de tiempo dar otro paso de gigante para acabar esta carrera. El examen salió bien, tocaba esperar las notas. ¿Notable o sobresaliente? esa era mi única disyuntiva, la primera vez que la tenía en seis años de carrera. Yo siempre he sido más de la de ¿4,5 o cinco pelao?

Aproveché que tenía que cerrar la burocracia "erasmus" para ver si las notas estaban puestas y podía sumar un nuevo notable a mi casillero.

Juan López----------SUSPENSO

Cinco meses haciendo crónicas de Bolsa y suspendo un examen en el que me preguntan qué cargo tiene Candido Mendez en UGT. Hay que joderse. Obviamente había algún error y debía descubrir cual era. La revisión ya había pasado y solo me quedaba contactar con el profesor. Metí una nota por debajo de la puerta de su despacho, cuidé las formas e incluso la caligrafía. "Ruego se ponga en contacto conmigo, estoy interesado en ver el examen, mi movil es 678...413" (que luego no hacéis más que llamarme, he de proteger mi intimidad).

En el trabajo, a eso de las siete de la tarde me llama un número larguísimo, de esos que solo traen cosas malas; multas, encuestas y citaciones judiciales.

- Hola, soy el profesor. Acabo de leer su nota, ¿que ocurre?
- Nada, que me gustaría saber por qué he suspendido, me salió bastante bien el examen. Comenté con seguridad.
- Qué examen tenía, ¿A o B? ¿El de la pregunta de la tele o de la radio?
- El de la tele, el de la tele tenía.
- Pues su examen está bien, bastante bien, no es brillante, pero está bien.
- Entonces... ¿el suspenso? me está usted haciendo pasar una tarde toledana.
- Es que no tengo trabajos suyos, ni si quiera la ficha, no le pongo cara y así es difícil aprobar. Respondió él escudándose en las pocas cosas que le quedaban para justificar mi suspenso.
- Le dí mis crónicas de Bolsa y mi ficha, ¿no se acuerda?
- Ahora que lo dices... en cualquier caso habré extraviado la ficha en un bolsillo exterior de mi cartera y claro, al no ponerle cara... No se preocupe que le cambio la nota. Además tampoco tiene usted foto en el campus virtual, la tarde de angustia le está bien empleada, póngase la foto pronto.
- Uff, que descanso, gracias. Señalé con alegría.
- No te preocupes, en esta vida todo tiene solución menos la muerte. Un segundo... ¿cómo ha dicho que se llamaba?

miércoles 19 de noviembre de 2008

Madre mia... que berrinche más grande.


Antes de nada, quisiera agradecer a esa gente que sigue entrando en el blog pese a no haber ninguna actualización desde hace más de un mes. Muchas gracias mamá, nunca perderás la fe. Para escribir me tienen que pasar cosas y al contrario que el año pasado, he perdido mucha calidad de vida y eso debilita en cierto modo las historias graciosas.

Era la primera vez que conseguía aguantar el DNI cinco años, lo que significa no perder la cartera en ese mismo periodo de tiempo, un hecho muy meritorio que demuestra que cada día soy más responsable. Hace un par de meses se me caducó y decidí hacerme unas fotos tamaño carné aprovechando que llevaba el pelo así de modernillo en plan 'Beatle'. Creo que no salí mal del todo, bueno... que leche, juzgad vosotros mismo.

Como mi agitada vida laboral no me permite ir a Albacete todo lo que yo quisiera, pues no podía ir a mi comisaria de confianza. A esa gente ya la conozco y la tengo domada. Acuciado ante lo irregular de mi situación con el DNI caducado, decidí pedir cita en una de las dependencias de Madrid. La fecha exacta, 13 de noviembre a las 15:00, nunca olvidaré ese día. Dada la temprana hora de la cita, decidí madrugar, me levante a las 14:30, me dí un agua y me dirigí a por mi DNI con mi pelo de modernillo. Solo de imaginármelo me aparecía una gran sonrisa en la cara.

Llegué con la puntualidad inglesa que me caracteriza y me adentré en las oficinas. Pedí mi 'numerito' en información y registro y solo tuve que esperar cuatro números, hasta el 'D07009' que era el que me había dado un veterano policía nacional reconvertido en maquinita roja de esas que dan la vez en la circuitería del Mercadona. Se acercaba el momento, iba a tener mi DNI electrónico con mi pelo modernillo de 'Beatle', tenía los pelos como escarpias.

- Hola. Buenas tardes, venía a renovar el DNI.
- Una foto por favor- me contestó indolente el funcionario.
- Toma, aquí tienes- contesté emocionado al imaginarme la foto ya puesta en mi flamante y nuevo DNI electrónico.
- Esta foto no me vale, sale el pelo rojo- Esta afirmación me dejó el cuerpo como cuando te tomas un café solo a estomago vacío, fruncí el ceño y pregunté.
- ¿Por qué? ¿que le pasa a la foto?.
- El pelo sale mal, así como rojo-
- Pero que más da, si luego se ve en blanco y negro- contesté sabiendo que tenia la batalla perdida.
- No vale y punto, dos esquinas más abajo hacen fotos en una tienda. Cuando las tengas vuelves y te sientas sin hacer cola- agregó el funcionario que tenía ganas de gresca.
- ¿La tienda que es, de tu cuñado o algo?- dije enfadado y me fui.

La tristeza se apoderó de mi cuando me dí cuenta que iba sin afeitar y encima llevaba las gafas. Vi la imagen de ese desaprensivo funcionario proyectada en mi DNI, creo que esa gente les hace feliz ver a los demás horrendos en el DNI. Claro, como seguro que él se hace el suyo propio sin que nadie le diga que la foto no le gusta. De hecho seguro que esa gente tiene varios 'DNIses' y los utilizan según la climatología o la estación del año.

Me sentía impotente ante tan injusticia, pero la dejadez y la pereza de volver en dos meses con otra foto válida fueron superiores. Entré en la tienda y me hice las malditas fotos.

- Oye... que me ha dicho tu cuñado que las fotos que traigo no me valen, que me hagas otras.
- Claro que sí, sin problema. ¿Te ha dicho que son 5,40 euros y así el DNI sale solo por 12 en total?- Que estafa más grande pensé por dentro.

Volví con las fotos a la oficina y me senté en cuanto se quedo libre la silla a la que atendía el funcionario que antes me había despachado con tanta educación. Al rato vino un policia (uno más joven que el que se reconvirtió en dispensadora roja de turnos de la charcuteria de mercadona, además con pistola)

- Me comenta una chavala que este chico se ha colado, ¿que numero llevas?. Me preguntó el señor agente como dicen en EE UU
- Es que he tenido que hacerme unas fotos en la tienda del cuñado de este señor que me atiende, mis fotos no valían- contesté seguro de que llevaba razón.
- Ahh, de acuerdo, en ese caso no hay problema- se acercó a la chavala y le dijo: "Creo que tu fotos no valen, dos esquinas más abajo hacen fotos".