martes, 7 de septiembre de 2010

En el cine todo es posible

Hace algunos meses escribí este post en en el que hablaba de las formas que a mi entender existían para evitar la alopecia. Había cuatro; el bisoñé, la peluca, el injerto y la administración y dirección de pelos. Ayer pasando por una marquesina de autobús vi un cartel de la nueva película de Nicolas Cage. A diferencia de Javier Cámara o Santiago Segura, a Nicolas le está costando mucho aceptar el poder de la genética.

Estas son algunas imágenes suyas en su vida pública. Cage ya ha tenido algún que otro encontronazo con periodista por el mero hecho de dirigir una mirada al incipiente cartón. No entiendo que se lo tomara a mal, si estuviese bizco o usara un talla cien de sujetador, ese mismo periodista también habría mirado. Vamos, que no se estaba riendo de él ni nada, no es compara esta mirada a la que se hace cuando hablas con una persona con muchas verrugas. En ese momento se mira a los ojos.

Mira Nicolas, tienes 46 castañas y el dinero por castigo, por lo que estás muy por encima de la media. Vale que un peinado chulo ayuda a ligar, pero seguro con varios millones de dolares en Caja Cincinatti tampoco debe ir mal el asunto. Aunque últimamente hay noticias que dicen que uno de sus asesores le ha dilapidado parte de su fortuna. Malos tiempos para Nicolas.

Después de este párrafo voy a poner algunas imágenes del otro 'yo' de Nicolas, el personaje de ficción. Llama mucho la atención que Cage en estos últimos años solo coja papeles de películas fantasticas y de ficción, donde siempre ha de buscavidas o héroe pseudomedieval. Roles que casualmente siempre se calzan una melena andrajosa y perrofláutica. Ojo, esto está muy bien si eres Viggo Mortensen u Orlando Bloom, pero claro... tu no puedes aparecer en la 'premiere' del largometraje prácticamente calvo y luego aparecer en la cinta siempre como si fueras Sansón.

No sé, igual soy yo el único que ve esto un poco raro.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

sábado, 28 de agosto de 2010

Dos medidas que valoraría positivamente en un programa electoral

1. Devolver la repostería industrial a los colegios españoles. Se habla mucho de la prohibición de los toros en Catalunya, que si es una decisión tomada desde el revanchismo, que si sólo se prohíbe por ser un icono de lo español. Pero en cambio dice nada de la prohibición de venta de bollería industrial en los colegios españoles. Que viendo a las hijas de algunos políticos, podría ser que también se hubiese tomado desde el revanchismo.

Para un niño, un Bollicao representa el momento de mayor satisfacción de la semana y supone un acto de rebeldía en toda regla. Ya sé que es una mierda de acto de rebeldía comparado con esos suicidas que escuchan Pereza o el Canto del Loco, pero me habéis entendido. Yo me considero un fiel defensor de la repostería industrial en todas sus vertientes. No hay nada más hermoso en el mundo que un paquete de Donettes con la promoción que te regala dos unidades más. Que por cierto siempre está disponible en las tiendas de chinos.

2. El anterior es un motivo menor comparado con este. Esto más que una idea es algo que exijo se corrija ya porque me está haciendo la vida imposible. Pido a Gobierno encarecidamente que renueve el logotipo de los estancos. Me atrevería a decir que es peor ver ese logo que fumarse tres cajetillas diarias. Aquí lo copio, observadlo.



Se habla mucho del de Carrefour pero este es infinítamente peor. ¿Qué coño se supone que es eso? Parece un poco la primera idea que tuvo el tío que dibujó el casco que lleva el malo de “Les Tortugues Ninja” (Si si, es catalán porque yo las veía allá por 1990 en el Canal 9, que se pillaba cuando había buen tiempo en Albacete). Si es que hace falta bastante tiempo para saber que: 1. Ahí hay una “T” y que es de Tabaco. 2. Que lo de fuera, lo amarillo, intenta describir la forma de una hoja de esa misma planta.

Además, si te estás gastando un pastón en llenar de vías de AVE todo tu país, no creo que pase nada por hacer un concurso de propuestas gráficas. Si ya has cambiado el antiguo Renfe (que me da que los diseñó el mismo sinvergüenza), el de Correos y alguno más…si es que por parecer parece hasta franquista. Tomás Gómez tiene una buena oportunidad de cambiar el mundo si anunciase alguna de estas medidas, pero no lo hará. Resulta que les corre más prisa acabar con la corrupción.

miércoles, 25 de agosto de 2010

¿Por qué tengo pasar mis "tuppers" por ahí?

El otro día estaba en la estación de tren de Albacete dispuesto a coger el tren para volver a Madrid, que venía con retraso, como es habitual. Es habitual que yo coja ese tren y también que vaya con retraso, por puntualizar. Lo que no es habitual es que llevase una mochilla pequeña con ropa y una más grande con "tuppers" de especialidades variadas de mi madre. Tras enseñar el billete y el consecuente carnet joven, encaré la máquina de rayos x.

-Hola. Buenas noches.- Saludé al guardia de seguridad, que por cierto era árbitro cuando yo jugaba al fútbol en la categoría de alevín de segundo año.
-No, no. La otra bolsa también tiene que pasarla señor.- Me dijo cuando ya estaba para recoger la mochila.
Aiba! Se me había olvidado.- Me quedé pensando un rato y volví a la carga.
-Pero Floro (como se llama el individuo, que dicho sea de paso, nunca ha tenido muchas luces) esto son "tuppers" de mi madre.-
-Nada, nada, eso tiene que pasar por el scanner.- Empezaba a ponerse intransigente, y jode bastante cuando una persona que es así cortica se te pone chulo.
-Vamos a ver, pero qué necesidad hay de dar un baño de uranio al pollo con almendras de mi madre. ¿Qué medida de seguridad es es?.- Y ya no sé cómo seguir...

sábado, 14 de agosto de 2010

El día que sin querer me convertí en un director de recursos humanos muy especial

Alquilar piso es parecido a echarse novia. Tiene que pasar un tiempo para que conozcas sus defectos, su cosas buenas y sobre todo… quien ha estado ahí dentro antes. Hace algo más de un mes que he alquilado un piso con unos amigos y esto es lo que ha pasado:

Yo siempre he dormido a prueba de bombas, podría tener a media Suráfrica tocando la vuvuzela que aún con esas echaría más de doce horas grogui. Al principio estaba yo solo en el piso, tengo la “suerte” de ser el único que trabaja en verano. Pasaron unos días y me daba la sensación de que alguien llamaba a casa por la noche, tocaban al timbre y se iban. El típico gamberreo de niños, pero a las cuatro de la mañana.

Pasó un tiempo sin ocurrir, o al menos que yo me enterase, pero a la semana los timbrazos volvieron. Una noche en la que dejé de beber CocaCola sin cafeína decidí coger el telefonillo.

- ¿Si? ¿Quién es?- Dije con voz despejada y bastante clara.-
- ¿Es aquí lo de las chicas?- Soltó una voz de estas así roncas de hombre pueblerino de metro setenta, entradas y camisa de seda.
- ¿Qué dice señor?- No lo había entendido muy bien, aunque igual no quería entenderlo.
- ¡Es que se escucha muy mal esto! Venga, abre ya, que traigo los sesenta euros preparados.- Esto si que no lo entendí, lo narro así porque supongo que sería lo que dijo.
- Espere señor, que salgo y hablamos por el balcón- Salí como uno va por casa en verano, en calzoncillos y una camiseta vieja.- ¿Qué quiere a estas horas hombre? Que ya estoy hinchao de que llaméis a estas horas.-
- Ay pájaro… ahí en calzones. ¿Acabas de terminar la faena o qué? Ábreme venga, que la última vez que vine eran tres, alguna tendrás libre ahora mismo.- Ya me olía mal la cosa. El tío era además de estos que tienen varias verrugas por las cara. Colocadas al azar, como si fuesen minas.
- ¿Tres qué? Pero no ve que yo estaba intentando dormir.- Ya se me notaba medio enfadado y más viendo que el señor este con tantas verrugas se me quería meter en casa.
- Pues tres chicas, que va a ser. Pero nada, si están las tres ocupadas me voy. Dilas que ya volveré mañana, que la mujer se ha ido a la playa con dos amigas.- Ahí acabó la conversación. Con ese “dilas” que me ha dolido escribir por dos veces. Sabía por donde iba, pero creí que se habría confundido de calle, piso, casa, ciudad o verruga.

Tres semanas después veo que me llega un mensaje en Facebook de uno de mis compañeros que estaba veraneado:

Juan, acabo de encontrar más de 1200 entradas de Google sobre nuestro piso. Antes era una casa de esas que se dedican a repartir felicidad. PD. Eran tres canarias, 60 el completo. No lo hagas por menos, que la finca debe mantener su caché. Jajajajaja!!

El caso es que me resultó raro que todas las habitaciones tuvieran cama de matrimonio.

sábado, 31 de julio de 2010

Las manchegas aventuras de Tito

Uno de los dudosos honores que tiene Albacete es el de haber sido sede de las Brigadas Internacionales durante la Guerra Civil. Dudoso por el contexto de guerra, jamás por los ideales de sus combatientes. Miles de jóvenes de toda Europa se desplazaron a Albacete para luchar junto al ejercito republicano. Pero no va de guerra esto.

Mi abuelo, que tendría por aquel entonces 14 ó 15 años, se empeña en que en una visita al médico le tocó esperar turno con Tito (Josip Broz). No sé si será verdad, porque a menos que Tito conociera el futuro y llevase un cartel que dijese “Me llamo Tito y seré Mariscal en Yugoslavia”, mi abuelo no tenía por qué saber quien era ese señor. Pero lo de imaginar a Tito en Albacete, me mola mucho.

Una vez pasaron consulta todos los niños, era el turno de Josip. Llevaba muy poco tiempo en Albacete. Había llegado a Valencia en un barco especial financiado con el dinero que más tarde sería compensado con el oro de Moscú. Su trayecto fue Split-Palermo (controlado por la Mafia era más seguro que cualquier otro puerto de Italia manejado por Berlusconi)-Ibiza-Denia. Una vez en Denia, cogieron un bus y se vinieron por la Nacional Tres hasta el “Nueva York de la Mancha”.

-Buenas tardes. ¿Qué le ocurre?- Tito tenía una cara bastante común y el médico creyó que podría ser de Valdepeñas o Tomelloso. Pero Tito apenas hablaba castellano. Solo tenía un papel que le había escrito la señora que se encargaba de limpiar los retretes del cuartel. En él se especificaban los síntomas que tenía el futuro Mariscal.

Tito le entregó el papel. Pese a trabajar en aquello, la nota era ejemplar. No tenía ni tachones, ni faltas. En ella se leía:

El doctor sacó uno de esos libros que los médicos tienen para conectarse con Dios. Mi madre dice que los médicos son primos hermanos de Dios. Por su sapiencia y por su arrogancia (esto lo digo yo). Mientras tanto el joven Josip estaba inquieto, entre que la butaca era de “escai” y no transpiraba mucho, su uniforme 50% nylon, y que su último paso por el baño no había tenido un corte limpio, no se encontraba nada cómodo.

-Pone aquí que eres de Croacia, tengo yo muchas ganas de ir a Budapest, me han dicho que tiene unos balnearios que son mano de santo.- Dijo el médico mientras buscaba algo que cuadrara con las dolencias de Tito. Él no entendía ni papa, pero asintió de forma simpática.

Josip no aguantaba más, tenía los glúteos chorreando y se tuvo que levantar. Además, ese rumiar que describía la nota le estaba volviendo poco a poco.

-Te quieres que creer que no encuentro nada que cuadre. Me cago en la hosti (esto también lo dice mi abuelo). A ver… aquí está, dolencias gástricas. Pues lo que tienes va a ser, va a ser… un momento que ahora mismo te lo digo-.

Tito no aguantaba más, tenía el esófago como el MediaMarkt en el día sin IVA. Hizo un par de muecas y leves quejidos, pero no encontró respuesta en el facultativo. Seguía absorto en su libro. Así que Tito, por muy mal que le supiera, se vio obligado a expulsar por vía oral.

-¡Leche! Eso son patatas a la riojana.-

El pobre eslavo se tranquilizó al ver que el médico no se había enfadado. En su país los médicos tenían muy mal humor, bueno, casi todo el mundo. Tito seguía haciendo señas y aspavientos, trataba de decir al médico que en la otra cara de la nota de la limpiadora había más cosas escritas. Le costó un rato al médico, pero al final lo pilló. Ponía lo siguiente:

sábado, 24 de julio de 2010

Antonio Sahuquillo, la historia de una subcontrata

Antonio nació hace 47 años en un pequeño pueblo de la Rioja. Aunque su familia no era de latifundistas, mal se le tenía que dar a una estirpe afín al régimen para no tener un par de hectáreas de viñas. Su padre y abuelo se habían beneficiado del franquismo, pero siempre fueron de tradición muy vinícola. De hecho su padre trabajó como enólogo freelance para J. García Carrión, en concreto en su departamento de vinos de cartón. Sin embargo cuando Mercadona y Don Simón firmaron su gran alianza comercial, las sinergias de la fusión dejaron a su padre sin empleo a la edad de 59 años.

La esperanza de la familia siempre fue que Antonio llegara a ser un sommelier de vinos embotellados, como mínimo. Recibió formación de primer nivel en una escuela de Logroño, era de los primeros de promoción y las mejores cooperativas de Europa se lo estaban rifando. A él no le apasionaba, pero lo disimulaba bien. Todo se truncó una noche agosto cuando Antonio estaba de farra con sus amigos en la piscina del pueblo. Se tiraban de bomba, de cabeza y por el trampolín. Antionio se envalentonó y decidió tirarse de voltereta, con la mala suerte de que las fosas nasales fuesen la primera parte de su cuerpo contactar con el agua.

La cantidad de liquido que entró por sus narices era la equivalente a una botella de Solán de Cabras. Perdió el conocimiento durante tres minutos y cuando levantó se vio hasta arriba de Negrita con Coca Cola que sus amigos le había tirado encima para despertarlo del trance. Pasaron los días y nadie hablaba del incidente, pero Antonio notaba que algo fallaba. Una noche se fue solo al vertedero municipal para comprobar una cosa; efectivamente, había perdido el olfato. No dijo nada y dos meses después empezó a trabajar para una cooperativa francesa, que a la postre sacaría la peor y más horrenda cosecha que se recuerda. Fue un año de mucho frío, pero Antonio también la cagó mucho.

Fue despedido de forma fulminante y probó suerte en Madrid. Tras años de dar tumbos, un amigo le comentó la posibilidad de entrar en el cuerpo de técnicos de calderas y calentadores de una empresa subcontratada por Gas Natural. Estaba bien pagado y no parecía difícil. No reparó en que él no olería los escapes de gas... así hasta el otro día que vino a mi casa.

- Soy Antonio, venía a revisar la caldera.- Dijo con voz baja, sabedor de que venía un día antes de lo pactado.
- Pero ¿usted no venía mañana? Venga pase, si hoy nos quitamos esto en medio, mejor.- Comenté mientras abría la puerta en calzoncillos y con mi camiseta del Lokomotive de Leipzig.

Una vez en la cocina Antonio fue al turrón y empezó a desmontar el calentador. Decía que teniamos pequeñas fugas y que tardaría un rato. Yo lo veía algo bizarro, ponía el gas a tope y se acercaba a donde estaban las fugas para mirar con unas gafillas pequeñas. Cuando hubo acabado, miró todo otra vez y gritó "me cago en madre que parió a Paneque, que hay otra fuga aquí abajo". Ante tal afirmación, decidí quedarme detrás de la puerta para supervisar su trabajo. Entre ruidos de tuercas, destornilladores y demás, escuché algo que desde luego sonaba muy más anal. Música de percusión esfinteriana, incluso hubo un redoble, como si Antonio hubiese bebido tres expressos italianos antes de venir. Abrí la puerta e intenté certificar con mi nariz que la notas que había escuchado eran naturales e irrepetibles.

- ¿Cómo va eso Antonio?
- Pues ahi voy con esta hija de puta. Seguro que tu casero es una marquesa, pero el calentador no lo ha tocado en 30 años.- Respondió con la frente sudada.
- Oye ¿no huele aquí un poco raro?.- Pregunté para ver por dónde salía.
- Umm... yo no huelo nada, pero deben ser los primeros gases matutinos. Por las noches se acumula mucha mierda en el conducto y los primeros escapes de la mañana siempre son traicioneros.- Con semejante y ambigua afirmación recogió, me dejó un certificado y se fue con prisas.