Desde que volví de las vacaciones en Cádiz y Almería he pasado unos días un poco raros. El ocio se ha apoderado de mi vida esta última semana, incluso llegando al punto de no salir de casa durante varios días seguidos. Aunque este lapso ha durado apenas una semana, he tenido tiempo suficiente para llegar a varias reflexiones.
Si a los cinco meses de vida te despiertas a las 12 cualquier día de julio, tus padres se vanaglorian de lo bueno y tranquilo que es su hijo, incluso añaden lo bien que come. Si esto ocurre a los cinco años, los padres se ríen y bromean con lo dormilón que es su retoño (esta palabra me encanta, la dicen muchísimo los periodistas del corazón). Con 18 años te despiertas a la una de la tarde, y los progenitores te felicitan..."aprovecha hijo mío, éste va a ser tu último verano sin nada que hacer, el año que viene, en la universidad, tendrás que estudiar para septiembre". Hasta aquí, todo correcto.
Sin embargo, cuando con 23 años y dos asignaturas para terminar la carrera sigues durmiendo al volver tus padres del trabajo para comer..."Juan, no ves la imagen de pasividad y dejadez que transmites". Y todo ello acompañado de una cara bastante hostil. Esta reflexión viene porque hoy he tratado de cambiar de rutina, y en consecuencia de imagen. Y los resultados no se han hecho esperar.
A las diez de la mañana me he ido con mi hermano a jugar al tenis. Entre que con el madrugón no hemos podido desayunar y que ya a las diez superábamos los 30 grados, pues un desastre, amago de lipotimia y vuelta a casa. Aún así, hemos sudado y hemos hecho algún que otro buen peloteo. Como siempre y para no falta a la cita, me han salido un par de ampollas en los dedos.
Hemos vuelto a casa, nos hemos ido de cañas un rato y a las 14:30 estábamos como un clavo en casa para comer. Con la intención de no dormir una siesta de campeonato por la tarde, he sacado unas Coca-colas y para hacerlo aún más señorial he cogido un limón. No me he acordado de mis ampollas y cuando he ido a cortas las finas rodajas he visto las estrellas. El cítrico sobre la ampolla... si duele es que está curando, que diría una madre. Al final, entre tanto trasiego se me ha olvidado abrir la Coca-cola.
A las 16:15 me he ido a la biblioteca. Tengo dos asignaturas solo y no quiero ningún traspiés. Después de media hora leyendo los malísimos apuntes de Información Medioambiental, he empezado a dar cabezazos y he decidido ir a la cafetería contigua a tomar un café. He estado allí 20 minutos de charloteo con un amigo y nos hemos vuelto. Con el paso del tiempo he comprobado como el café iba haciendo efecto en mi organismo. Lo malo es que no solo he sufrido las consecuencias de su efecto principal.
"Café y cigarro, muñeco de barro". Yo no fumo, no me hace falta. Desde siempre han quedado sorprendidos en mi familia por mi capacidad para ir al baño. Nunca he valorado este hecho como una virtud, pero el hecho de que algunos primos y tíos sufran de estreñimiento, me ha forzado a incluir mi facilidad para sacar la leña al patio en la lista de cosas que hago bien. Junto a comer pipas y recientemente también caracoles.
Una vez abandonada la biblioteca, me han llamado para jugar al fútbol. Una pachanguilla nunca viene mal, he pensado. A las ocho de la tarde hacía aún más calor que a las diez de la mañana. En el partidillo no ha pasado nada raro, ni inesperado, pero sí alguna cosa desagradable. Mi hermano, presente en el partido ha vuelto a ilustrarme después de abrirme los ojos con aquello de los asqueroso que es que te pongan la barriga en la espalda mientras estás en una cola.
"Juan, lo peor de estos partidos es que un equipo tiene que ir forzosamente sin camiseta. No me gusta nada cuando forcejeas con ellos y notas como el brazo se te escurre por su espalda porque van 'sudaos'. Que necesidad tengo yo de mojarme el brazo con su sudor". Sobra decir que nuestro equipo era el que iba con camiseta.
martes, 28 de julio de 2009
viernes, 24 de julio de 2009
Imaginad el momento más desagradable del mundo...
Las lavadoras son como las madres. En el 90% de las ocasiones nos llenan la vida de cariño, amor, ternura y facilidades, muchas facilidades. El otro 10%, eso es otra historia. Madres y lavadoras buscan siempre la perfección, tratan de hacerlo todo tan bien que al final se pasan.
Un amigo mío, bastante poco estudioso, suele decir que para los exámenes hay que llevar la preparación justa, lo estrictamente necesario. Argumenta que él nunca ha sacado buenas notas porque cree que si estudia demasiado se va a pasar y terminará suspendiendo. "Juan, si estudias mucho, das la vuelta y te pasas de conocimientos. Al final te crujen".
Las lavadoras son la 'hostia'. Lo dejan todo (bueno, casi todo) de maravilla. Puedes haberte rebozado de mierda en un camping de Mojácar y haber dejado marrón una camiseta que era blanca, que la Miele, Bosch o Fagor de turno la va a dejar como nueva. Igual ocurre con la gente que se deja la última 'gotica' en los calzoncillos o que incluso utiliza tan apreciada prenda cuando no tiene a mano papel higiénico o sucedáneos. La lavadora siempre cumple.
Pero, ¿a quién no le ha costado horrores meterse dentro de unos vaqueros recién lavados? He aquí el 10% de ineficacia. Sentirte embutido dentro de unos vaqueros y con el calor del verano es una de las sensaciones más desagradables del mundo. Muy comparable al infame momento de estar haciendo una cola, para el DNI, para el cine, para lo que sea... y notar la barriga sudorosa de la persona que te sigue sobre tu espalda.
Aún puede ser peor. Imaginad que estáis haciendo cola en un sitio sin aire acondicionado en pleno verano, con los vaqueros recién lavados, con esa barriga húmeda en la espalda, con ganas de hacer pis y por si fuera poco... te rozan los zapatos porque tu madre ha decidido meterlos en la lavadora con los vaqueros.
Ya sabeis. Bermudas y chanclas, que de la barriga es difícil librarse.
Un amigo mío, bastante poco estudioso, suele decir que para los exámenes hay que llevar la preparación justa, lo estrictamente necesario. Argumenta que él nunca ha sacado buenas notas porque cree que si estudia demasiado se va a pasar y terminará suspendiendo. "Juan, si estudias mucho, das la vuelta y te pasas de conocimientos. Al final te crujen".
Las lavadoras son la 'hostia'. Lo dejan todo (bueno, casi todo) de maravilla. Puedes haberte rebozado de mierda en un camping de Mojácar y haber dejado marrón una camiseta que era blanca, que la Miele, Bosch o Fagor de turno la va a dejar como nueva. Igual ocurre con la gente que se deja la última 'gotica' en los calzoncillos o que incluso utiliza tan apreciada prenda cuando no tiene a mano papel higiénico o sucedáneos. La lavadora siempre cumple.
Pero, ¿a quién no le ha costado horrores meterse dentro de unos vaqueros recién lavados? He aquí el 10% de ineficacia. Sentirte embutido dentro de unos vaqueros y con el calor del verano es una de las sensaciones más desagradables del mundo. Muy comparable al infame momento de estar haciendo una cola, para el DNI, para el cine, para lo que sea... y notar la barriga sudorosa de la persona que te sigue sobre tu espalda.
Aún puede ser peor. Imaginad que estáis haciendo cola en un sitio sin aire acondicionado en pleno verano, con los vaqueros recién lavados, con esa barriga húmeda en la espalda, con ganas de hacer pis y por si fuera poco... te rozan los zapatos porque tu madre ha decidido meterlos en la lavadora con los vaqueros.
Ya sabeis. Bermudas y chanclas, que de la barriga es difícil librarse.
jueves, 23 de julio de 2009
Hoy damos la bienvenida a...Karim Benzemá...exagerando
No puedo parar... son tantas las barbaridades que se me ocurren que prefiero escribir en el blog antes que irme de cañas. Incluso lo prefiero a jugar al Pro. Yo creo que ya puestos... lo mejor va a ser hacer un audio por presentación y así me curo en salud, las cosas no hay que dejarlas a la mitad. Mañana le toca a Cristiano.
A ver que nuevas tareas le encomienda Florentino a Don Alfredo...
TRANSCRIPCIÓN O NOTA DE PRENSA
A ver que nuevas tareas le encomienda Florentino a Don Alfredo...
TRANSCRIPCIÓN O NOTA DE PRENSA
Hoy damos la bienvenida a Karím Benzema. En dicho traspaso el Real Madrid, como equipo patrimonio de la Humanidad también hace con los campos Elíseos. Unos terrenos en lo que próximamente construiremos el parque temático del Real Madrid. La obra y construcción del mismo será supervisada y llevada a cabo por el mismísimo Alfredo di Stefano.
Mucho mayores son nuestros planes para la Torre Eiffel. Siguiendo la idea de cubrir el Santiago Bernabéu, nuestro santuario blanco y gracias a la imaginación de Emilio Butragueño, situaremos las torre Eiffel encima del estadio en lo que supondrá la mayor obra de arte jamás vista en la galaxia.
Mucho mayores son nuestros planes para la Torre Eiffel. Siguiendo la idea de cubrir el Santiago Bernabéu, nuestro santuario blanco y gracias a la imaginación de Emilio Butragueño, situaremos las torre Eiffel encima del estadio en lo que supondrá la mayor obra de arte jamás vista en la galaxia.
miércoles, 22 de julio de 2009
La presentación de Kaká... exagerando
Florentino Pérez de siempre me ha apasionado. Soy del Barça desde que nací, pero semejante mandatario hace los pilares de mi barcelonismo se tambaleen cada vez que abre la boca. Derrocha grandeza, excelencia y sobre todo dinero.
Según sus ideas, cualquier jugador se puede comprar con dinero. Según las mías, cualquier cosa se puede conseguir haciendo el payaso. Hace un tiempo, empecé con mi primo una serie de bromas sobre los que podría conseguir Florentino en su segunda etapa. Las bromas se fueron convirtiendo en disparates y los disparates a su vez en cosas cada vez más surrealistas.
Vamos, que al final me he visto imitando a Florentino Pérez en una de sus "megapresentaciones". Ahí va la primera... espero que os echéis unas risas.
Según sus ideas, cualquier jugador se puede comprar con dinero. Según las mías, cualquier cosa se puede conseguir haciendo el payaso. Hace un tiempo, empecé con mi primo una serie de bromas sobre los que podría conseguir Florentino en su segunda etapa. Las bromas se fueron convirtiendo en disparates y los disparates a su vez en cosas cada vez más surrealistas.
Vamos, que al final me he visto imitando a Florentino Pérez en una de sus "megapresentaciones". Ahí va la primera... espero que os echéis unas risas.
TRANSCRIPCIÓN
Hemos fichado a “Ricardo Izecson dos Santos Leite”, más conocido como Kaká. Ricardo es el mejor jugador de Brasil y ha nacido para jugar en el Real Madrid. Con este fichaje, tendremos en nuestras filas al jugador más católico del mundo, con lo que el escudo del Real Madrid estará presente en todas las iglesias del mundo.
En esta operación, también hemos comprado el 95% de la amazonia brasileña. Unos parajes, que a partir de ahora se convertirán en el zoológico oficial del Real Madrid. De la misma forma, será el presidente de honor, Don Alfredo Di Stefano quien se encargue personalmente de la doma de la fauna autóctona.
Por último, también hemos llegado a un acuerdo con el presidente Lula da Silva, por el cual, Emilio Butragueño, se incorporará el próximo mes a su Gobierno como Ministro Brasileño de Cultura.
En esta operación, también hemos comprado el 95% de la amazonia brasileña. Unos parajes, que a partir de ahora se convertirán en el zoológico oficial del Real Madrid. De la misma forma, será el presidente de honor, Don Alfredo Di Stefano quien se encargue personalmente de la doma de la fauna autóctona.
Por último, también hemos llegado a un acuerdo con el presidente Lula da Silva, por el cual, Emilio Butragueño, se incorporará el próximo mes a su Gobierno como Ministro Brasileño de Cultura.
Introducción: Artes plásticas, mal. Exagerar, bien.
Para triunfar en la vida es primordial saber lo que se te da bien y lo que no. Yo siempre lo he tenido clarísimo. Mi orgullo me permite decir que soy uno de los peores del mundo en las artes plásticas y musicales. Esto no es solo pintar y recortar con las tijeras (en lo que soy pésimo), las artes plásticas y manuales tiene muchas más prolongaciones en la vida. Pelar la fruta, afeitarme, tocar la flauta. Incluso manejar una cometa. El otro día, en Tarifa, se me ocurrió probar la cometa de un amigo y casi le arranco la oreja a una pobre mujer que se cruzó de lleno en el camino de mi torpeza.
Pero siempre hay una excepción que confirma la regla. Comer pipas, en esta disciplina soy 'el puto amo' y creo que si sigo entrenando podré ser también un profesional de comer caracoles. Luego hay más cosas en las que también sé que soy bastante bueno, por ejemplo, exagerando. Me encanta exagerar.
Anoche tuve una idea para darle al blog otra vuelta de tuerca, lo que pasa es que necesito un poco de tiempo para llevarla a cabo. Dejo esta entrada como introducción de una nueva serie de relatos. Os doy una pista... Florentino Pérez.
Pero siempre hay una excepción que confirma la regla. Comer pipas, en esta disciplina soy 'el puto amo' y creo que si sigo entrenando podré ser también un profesional de comer caracoles. Luego hay más cosas en las que también sé que soy bastante bueno, por ejemplo, exagerando. Me encanta exagerar.
Anoche tuve una idea para darle al blog otra vuelta de tuerca, lo que pasa es que necesito un poco de tiempo para llevarla a cabo. Dejo esta entrada como introducción de una nueva serie de relatos. Os doy una pista... Florentino Pérez.
viernes, 26 de junio de 2009
Mi relación con la chica de las resonancias magnéticas.
-Hola, buenas tardes, venía a recoger unas pruebas.- Dije de forma apresurada y medio jadeando. Eran las 19:56 y a las 20:00 cerraban la ventanilla. Ya habían pasado varios días desde que mi padre me hizo el encargo y las cosas se podrían empezar a poner feas.
-Buenas, ¿a nombre de quien?.- Respondió la chica que estaba detrás del mostrador casi sin mirarme. Era una chica joven, rubia de peluquería y con una cara bastante resultona sin llegar a ser guapa. De cualquier modo, el mostrador siempre es un obstáculo indeseable a la hora de describir a una mujer.
- Juan, Juan López. Pero no son para mí, traigo aquí la autorización. ¿Necesitas mi DNI?.- Pensé que estaba empezando a liar las cosas, igual la chica se hacía un lío al ver que mi nombre y el del paciente eran iguales sin tratarse de la misma persona.
-Si, si, déjame tu DNI por favor.- Con esto me quedé algo más tranquilo, pues vería que el segundo apellido era distinto y fin del problema. Parecía cansada, no debe dar gusto que alguien se presente y te haga trabajar cuando apenas quedan tres minutos para terminar la jornada laboral.
-Aquí lo tienes.- Me apresuré a decir. Como siempre me ocurre, empecé a rebuscar en la cartera y tardé en entregárselo diez ó quince segundos. Tras un silencio incómodo, empezó a examinar mi DNI comprobando que se trataba del mismo que anunciaba la autorización. Tras confirmar que sí, que era yo, se levantó y abrió varios cajones hasta dar con la resonancia.
-Pues ya está, fírmame esto y listo.- Noté cierto descanso en su voz al ver que se acercaba el momento de perderme de vista e irse a su casa. En ese rato también me di cuenta de que el mostrador no le hacía ninguna justicia. Y tal y como está la sociedad, me atrevería a decir que actuaba como un gran freno en lo que podría ser una meteórica carrera profesional dentro de ese centro médico.
-Muchas gracias, muy amable.- En ese momento eché mi firma en el resguardo del volante y comencé el gesto de darme la vuelta e irme.
-¡No, no! Espera, una cosa más. ¿Relación con el paciente?.- Sabía que lo de dos ‘Juan López’ me traería problemas, aunque puede que se tratara de una formalidad que había pasado por alto.
-Ummm… pues buena, bastante buena, precisamente hace un rato he hablado con él y dice que como ha comido por ahí que va a cenar un tomate partido con un poquito de sal y aceite.- Me dí cuenta del equívoco justo cuando terminé de hablar, tarde para arreglarlo. Lo único que quería era irme y salir de una situación tan embarazosa.
- No. Me refiero a si sois familiares, amigos, que qué relación tenéis.- Su rostro cambió, esbozó una leve sonrisa y comenzó a parecer más guapa que resultona.
-¡Ahh!. Padre, padre. O sea, que el paciente es mi padre, no es que yo sea el suyo. No se si me estoy explicando.- Ya no sabía donde mirar, ahora que parecía guapa la chica, yo empezaba a parecer idiota.
- Vale, perfecto, ya está todo arreglado.- Volvió a decir medio riéndose. Que chaval más raro pensaría.
Cabizbajo creí haber recogido todos los documentos y me marché de forma casi maleducada. Ya por la calle, me di cuenta de que me había dejado el mp3 encima del mostrador. Vaya cabeza que tengo, pensé. Entré sigiloso por el los laberínticos pasillos del sanatorio. La mayoría de la gente se había esfumas, eran las 20:15, confiaba en que allí hubiera alguien preparado para devolverme mis 30 gigas de música gratuita.
Llegué al último pasillo y giré a la izquierda un poco despistado, de repente me topé de bruces con el mostrador. Allí yacía mi Ipod.
- ¡Chaval! Que te olvidabas el cacharro ese.- Me dijo una voz que venía desde la izquierda. Me di la vuelta y allí estaba la chica resultona entregada a los brazos de un cuarentón de bata blanca.
Antes de llamar a mi padre para decirle que tenía su salud en mi poder, me vino a la cabeza, ‘el mostrador siempre ha sido y será una barrera para el cliente, igual no tanto para los compañeros de trabajo”.
-Buenas, ¿a nombre de quien?.- Respondió la chica que estaba detrás del mostrador casi sin mirarme. Era una chica joven, rubia de peluquería y con una cara bastante resultona sin llegar a ser guapa. De cualquier modo, el mostrador siempre es un obstáculo indeseable a la hora de describir a una mujer.
- Juan, Juan López. Pero no son para mí, traigo aquí la autorización. ¿Necesitas mi DNI?.- Pensé que estaba empezando a liar las cosas, igual la chica se hacía un lío al ver que mi nombre y el del paciente eran iguales sin tratarse de la misma persona.
-Si, si, déjame tu DNI por favor.- Con esto me quedé algo más tranquilo, pues vería que el segundo apellido era distinto y fin del problema. Parecía cansada, no debe dar gusto que alguien se presente y te haga trabajar cuando apenas quedan tres minutos para terminar la jornada laboral.
-Aquí lo tienes.- Me apresuré a decir. Como siempre me ocurre, empecé a rebuscar en la cartera y tardé en entregárselo diez ó quince segundos. Tras un silencio incómodo, empezó a examinar mi DNI comprobando que se trataba del mismo que anunciaba la autorización. Tras confirmar que sí, que era yo, se levantó y abrió varios cajones hasta dar con la resonancia.
-Pues ya está, fírmame esto y listo.- Noté cierto descanso en su voz al ver que se acercaba el momento de perderme de vista e irse a su casa. En ese rato también me di cuenta de que el mostrador no le hacía ninguna justicia. Y tal y como está la sociedad, me atrevería a decir que actuaba como un gran freno en lo que podría ser una meteórica carrera profesional dentro de ese centro médico.
-Muchas gracias, muy amable.- En ese momento eché mi firma en el resguardo del volante y comencé el gesto de darme la vuelta e irme.
-¡No, no! Espera, una cosa más. ¿Relación con el paciente?.- Sabía que lo de dos ‘Juan López’ me traería problemas, aunque puede que se tratara de una formalidad que había pasado por alto.
-Ummm… pues buena, bastante buena, precisamente hace un rato he hablado con él y dice que como ha comido por ahí que va a cenar un tomate partido con un poquito de sal y aceite.- Me dí cuenta del equívoco justo cuando terminé de hablar, tarde para arreglarlo. Lo único que quería era irme y salir de una situación tan embarazosa.
- No. Me refiero a si sois familiares, amigos, que qué relación tenéis.- Su rostro cambió, esbozó una leve sonrisa y comenzó a parecer más guapa que resultona.
-¡Ahh!. Padre, padre. O sea, que el paciente es mi padre, no es que yo sea el suyo. No se si me estoy explicando.- Ya no sabía donde mirar, ahora que parecía guapa la chica, yo empezaba a parecer idiota.
- Vale, perfecto, ya está todo arreglado.- Volvió a decir medio riéndose. Que chaval más raro pensaría.
Cabizbajo creí haber recogido todos los documentos y me marché de forma casi maleducada. Ya por la calle, me di cuenta de que me había dejado el mp3 encima del mostrador. Vaya cabeza que tengo, pensé. Entré sigiloso por el los laberínticos pasillos del sanatorio. La mayoría de la gente se había esfumas, eran las 20:15, confiaba en que allí hubiera alguien preparado para devolverme mis 30 gigas de música gratuita.
Llegué al último pasillo y giré a la izquierda un poco despistado, de repente me topé de bruces con el mostrador. Allí yacía mi Ipod.
- ¡Chaval! Que te olvidabas el cacharro ese.- Me dijo una voz que venía desde la izquierda. Me di la vuelta y allí estaba la chica resultona entregada a los brazos de un cuarentón de bata blanca.
Antes de llamar a mi padre para decirle que tenía su salud en mi poder, me vino a la cabeza, ‘el mostrador siempre ha sido y será una barrera para el cliente, igual no tanto para los compañeros de trabajo”.
jueves, 25 de junio de 2009
El Plan E de la piscina de la Complutense
Mi universidad se ha marcado el objetivo de terminar con la crisis y con el paro de un plumazo. Se han creado su propio Plan E, que es inigualable, fiable, y que sobre todo genera puestos de trabajo útiles y con proyección.
Volvía de ver que efectivamente me habían suspendido derecho de la información y me dirigía a la piscina, donde me esperaban los amigos para pasar una entrañable tarde de piscina. Era mi primera vez y no me podía imaginar lo que me esperaba, ni de lejos.
No se si os acordáis de cuando me renové el DNI. Había un agente que solo se dedicaba a dar el ticket, vamos que se dedicaba a dar la vez. Era un hombre convertido en uno de esos dispensadores de tickets rojos de la charcutería de mercadona. El dispensador había cobrado vida y encima tenía bigote. Pues esto es parecido.
Bajé unas escalerillas y enfilé la entrada de la piscina con mi carnet de la Complutense en mano. Confirmé en un tablón que mi tarifa era la más baja, 2,85 euros y me puse en la cola. En este caso la vez se guardaba de forma tradicional; "¿quien es el último?". Era ya mi turno y me topé con el primer de los beneficiados del Plan E piscinero, un hombre mayor, de unos 60 años, pelo cano y pinta de intelectual.
- Muy buenos días, son 2,85 por ser de la Complutense.- Me dijo bastante serio, pero muy profesional. Le di 10 euros y parecía que nuestra relación cliente-trabajador había terminado.
Acto seguido me devolvió un billete de cinco euros, aquí entra en juego el Plan E piscinero. Los otros cinco euros se los dio a otro compañero. Este segundo profesional lo cambio en monedas e introdujo el dinero moneda a moneda en una máquina de los años 80. La máquina expendió un ticket y ya parecía que iba a conseguir entrar en la piscina. Este segundo profesional tenía otras características, más joven y musculado estaba acorde a las exigencias físicas de su puesto.
Puse la mano esperando las últimas vueltas, esos 2,15 euros restantes. Noté el peso de la calderilla en mi mano, pero ni rastro del ticket. El papelito había pasado a manos de un tercer empleado. Enratonado, con gafas, estaba sentado en un pupitre de preescolar detrás de la máquina que producía los tickets. Me hizo un gesto para que me acercara a él y liberara espacio de la cola y así pudieran pasar los demás.
Miró el papel salido de la máquina de arriba a abajo, como comprobando su veracidad. Cómo va a ser falso si acaba de salir de la máquina y por si fuera poco, se lo acaba de dar su propio compañero (el especializado en la introducción de monedas), pensé por mis adentros.
-Todo en orden, adelante-. Espetó con una voz ronca y de ultratumba muy poco propia de alguien de sus características físicas. A la vez que me daba el visto bueno firmó el ticket y me lo dio.
FIN DEL RELATO.
Creo que no se han dado cuenta de que si prescinden de la máquina aún podrían trabajar un par de personas más en semejante rompecabezas con forma de acceso a la piscina. Ya lo dice la prensa económica "Innovación y creatividad contra la crisis".
Volvía de ver que efectivamente me habían suspendido derecho de la información y me dirigía a la piscina, donde me esperaban los amigos para pasar una entrañable tarde de piscina. Era mi primera vez y no me podía imaginar lo que me esperaba, ni de lejos.
No se si os acordáis de cuando me renové el DNI. Había un agente que solo se dedicaba a dar el ticket, vamos que se dedicaba a dar la vez. Era un hombre convertido en uno de esos dispensadores de tickets rojos de la charcutería de mercadona. El dispensador había cobrado vida y encima tenía bigote. Pues esto es parecido.
Bajé unas escalerillas y enfilé la entrada de la piscina con mi carnet de la Complutense en mano. Confirmé en un tablón que mi tarifa era la más baja, 2,85 euros y me puse en la cola. En este caso la vez se guardaba de forma tradicional; "¿quien es el último?". Era ya mi turno y me topé con el primer de los beneficiados del Plan E piscinero, un hombre mayor, de unos 60 años, pelo cano y pinta de intelectual.
- Muy buenos días, son 2,85 por ser de la Complutense.- Me dijo bastante serio, pero muy profesional. Le di 10 euros y parecía que nuestra relación cliente-trabajador había terminado.
Acto seguido me devolvió un billete de cinco euros, aquí entra en juego el Plan E piscinero. Los otros cinco euros se los dio a otro compañero. Este segundo profesional lo cambio en monedas e introdujo el dinero moneda a moneda en una máquina de los años 80. La máquina expendió un ticket y ya parecía que iba a conseguir entrar en la piscina. Este segundo profesional tenía otras características, más joven y musculado estaba acorde a las exigencias físicas de su puesto.
Puse la mano esperando las últimas vueltas, esos 2,15 euros restantes. Noté el peso de la calderilla en mi mano, pero ni rastro del ticket. El papelito había pasado a manos de un tercer empleado. Enratonado, con gafas, estaba sentado en un pupitre de preescolar detrás de la máquina que producía los tickets. Me hizo un gesto para que me acercara a él y liberara espacio de la cola y así pudieran pasar los demás.
Miró el papel salido de la máquina de arriba a abajo, como comprobando su veracidad. Cómo va a ser falso si acaba de salir de la máquina y por si fuera poco, se lo acaba de dar su propio compañero (el especializado en la introducción de monedas), pensé por mis adentros.
-Todo en orden, adelante-. Espetó con una voz ronca y de ultratumba muy poco propia de alguien de sus características físicas. A la vez que me daba el visto bueno firmó el ticket y me lo dio.
FIN DEL RELATO.
Creo que no se han dado cuenta de que si prescinden de la máquina aún podrían trabajar un par de personas más en semejante rompecabezas con forma de acceso a la piscina. Ya lo dice la prensa económica "Innovación y creatividad contra la crisis".
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