lunes, 6 de octubre de 2008

Ya me gusta y aun no la he visto...



Es lo que tienen los prejuicios, hay cosas que sin conocerlas te disgustan o no deseas ver jamas. En cambio hay otras que sin saber como serán en realidad ya te gustan.

En un rato me vuelvo a la capital del reino, sacar los billetes de RENFE tarde no es bien. Por suerte no ha sido tarde tarde, ha sido solo "tarde". ¿Que quiere decir esto? Pues que en vez de ir en Regional Express me tengo que ir en los fantásticos trenes de vapor que vienen de la húmeda región de Murcia.

En dos horas y media ves tu vida pasar lentamente, justo al contrario que cuando vas a morir, que dicen que pasa todo muy deprisa. Aquí da tiempo a recrearse en los detalles.

Hace unos días me baje la última obra del gran Emir Kusturica, cansado intente empezar a verla, pero me daba pena ver semejante obra de arte en ese estado. Apagué el ordenador y la reservé para un momento mejor. El momento ha llegado, será cuando 10 minutos más tarde de la hora que dice el billete me suba al tren.

Solo hay un caso en el que desista y vuelva a reservarla para un momento mejor. Bueno en realidad tienen que darse dos premisas:

1. Que en el tren echen una película de esas "buenismas" de Jennifer Aniston. Si si, de esas en las que hace de chica incomprendida, pobre y soltera. Que luego tiene un piso de 150 metros cuadrados en en el centro de Manhattan. Pero ese no es el tema central.

2. Y no por ello menos importante. Que funcione el audio y los auriculares que RENFE te proporciona. Eso sí, luego siempre te dan las gracias por haber elegido RENFE. Y me pregunto yo ¿es que puedo elegir otra cosa?

Pues eso... os recomiendo esta película aun sin haberla visto.

domingo, 24 de agosto de 2008

La globalización. Ese fenómeno tan atrevido.

Hoy es el primer día que escribo en el blog sin estar en Leipzig y estoy algo nerviosete. Acabo de llegar de unas idílicas vacaciones con la familia (sin perro) en Cabo de Gata. Bueno, idílicas hasta que en el viaje de vuelta nos hemos enzarzado una miaja. Siempre es bonito llegar a casa con cierto ambiente de crispación, reduce el síndrome postvacacional y te devuelve a la realidad de una formas mucho más desagradable pero efectiva.

Volvamos al tema que nos ocupa. La globalización es algo maravilloso y la libre circulación de personas en la Unión Europea mucho más. En la playa conforme te acercas a la orilla todo es más caro. Si te puedes pedir una caña a 300 metros de la playa seguramente valga la mitad que en el chiringuito de la orilla. Esto es claramente comparable a los restaurantes, la comida es la misma, pero si ves el mar cuesta el doble.

Tras haber probado los dos o tres sitios de encantadoras terrazas con vistas al mar con un resultado igual de insatisfactorio, creímos necesario probar los bares del interior del pueblo. En una pequeña plaza, casi en las afueras del pueblo habíamos visto un bar, de hecho la noche anterior compramos hielos y tónica para hacer unos refrigerios. El hombre parecía simpático, el establecimiento algo cutre, sillas y mesas de Mahou, de esas que ya nuevas están pegajosas. A mi desde el principio me gustó.

Nos sentamos a cenar, vino la camarera a atendernos y empezamos a pedir. El acento era raro, no sonaba demasiado almeriense, ni siquiera murciano, era un acento de un sitio bastante más lejano. "¿De donde será esta chica?, mira que maja parece?" dijó mi madre en lo que era un anuncio de sus intenciones. Mi hermano y yo nos miramos, sabíamos lo que venía a continuación. Cuando la chica con tez cansada se acercó a darnos la "dolorosa", llegó el ansiado momento. "¿Que tal? ¿De donde eres?" le preguntó mi madre con voz inocente. "Rumania, soy rumana" espetó la chica mientras recogía las perras que nos había costado la cena.

Al día siguiente fuimos al mismo a cenar. Aunque el pescado estaba muy bueno tenía algo de miedo de que mi madre entablara amistad con la camarera, no por nada, pero me da apuro. Eso es como el día que paró a Joaquín Reyes por la calle para decirle lo muy mucho que lo gozábamos viendo sus parodias. Esta vez nos toco el otro camarero. No penséis que esto nos sirvió de alivio, a las 3 palabras descubrió que también era rumano y otra vez la misma operación.

Dos días después y prendados por la calidad del "mesón", sus generosas raciones y sus fenomenales precios decidimos volver. Desde el principio pensé que mi madre le preguntaría por la familia o por las artes culinarias rumanas a alguno de los camareros, lo que fuese con tal de intimar. Lo que yo no sabía, o no podía entender es que gente como mi madre hay en todos los sitios y al final llevaba razón. "Hablar con ellos les resulta reconfortante" me dijo cuando la reprendí por las preguntas del primer día.

Se acercaban los postres y con el buche lleno de la fritura de pescado se nos acercó la camarera hasta colocarse a unos 3 metros de distancia. Nos miró de reojo, le devolvimos la mirada y medio señalando a mi madre dijo "¿Cuantos años tienes?". Tal desenlace era inesperado para mi, pero mucho más para mi madre, que vio como la amable camarera rumana le seguía el juego. Lo de después ya es insignificante, ¿De que ciudad de Rumanía eres? ¿Cuando te vas de vacaciones? etc, etc...

Esto demuestra que 3 cosas. La primera es que a mi madre le encanta hablar aunque sea con los muros de hormigón del parking del Carrefour. La segunda es que lo desconocido nos interesa y preguntamos por ello para saber como es. La tercera es más subjetiva y está menos demostrada; los camareros rumanos hacen mucho más que uno español para ganarse una buena propina.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Punto...

... y aparte.


Hoy se acaba todo.
Hoy me despido de Leipzig.
Hoy me despido de la que ha sido mi vida durante casi un año.
Hoy me despido del dialecto sajón que tan de cabeza me ha traido.
Hoy me despido de esta letrita "ß"
Hoy me despido de la leche entera de 3,8% de grasa.
Hoy me despido de la estación de tren más cojonuda del mundo.
Y de los fabulosos perroflautas que campean por sus esplendorosas puertas.
Hoy me despido de las Bionades.
Hoy me despido de la ternera "dura" de Alemania.
Hoy me despido mejor de lo que vine.
Hoy me despido de los tranvias de Leipzig, de los nuevos y de los viejos.
Hoy me despido de las habitaciones de 20 metros cuadrados por apenas 200 euros.
Hoy me despido de la Remoulade, que por cierto no hay en España.
Hoy me despido de las Bratwurst y de su correspondiente mostaza.
Hoy me despido del monumento mas feo del mundo.
Hoy me despido de la arquitectura soviética.
Hoy me despido de Bach, de Mendelsson, de Wagner. Y no solo viejos, también de Tokio Hotel.
Hoy me despido del Lokomotiv de Leipzig.
Hoy me despido de mi querida compañera de piso.
Hoy me despido del agua con gas.
Hoy me despido del pequeño Paris, para saludar al Nueva York de la Mancha.
Hoy me despido de Radio Leipzig.
Hoy me despido de la Sterni, la Krostitzer, la Reudnitzer (festbier, y cerveza roja... aunque esta no me gustes mucho, también me despido de tí)
Hoy me despido de los moscardones que hay en Leipzig.
Hoy me despido de la Univertät Leipzig, antes llamada Karl Marx Universität.
Hoy me despido de los grandes parques y la vida sin atascos.
Hoy me despido del Persíl (detergente bueno donde los haya).
Hoy me despido no entender cuando me hablan.
Hoy me despido de las fantásticas panaderias alemanas.
Hoy me despido de ti, de ti y también de ti.
Hoy me despierto de un sueño del cual recordaré todo.

Una de mis películas favoritas dice que las historias mantienen vivos los recuerdos. Nada muere si hay alguna historia que nos ayude a recordarlo.

En realidad hoy empieza todo.

lunes, 14 de julio de 2008

Another thing butterfly: A otra cosa mariposa.

Bien es cierto que el titulo pierde la rima con la traducción, pero gana otras muchas cosas. El otro día se lo dije a un compañero de clase y se quedo flipando, ¿que tendrán que ver las mariposas aquí?. Que decir, ya no queda nada de esto, la gente se empieza a ir a casa y lo peor de todo es que a cada uno que se va hay que hacerle una fiesta de homenaje. Y yo me quedo hasta el 7, me las voy a comer todas, con todo lo que eso conlleva.

Mañana tengo mi última presentación en alemán, sobre la integración de la identidad europea, un tostón de cuidado. Este fin de semana ha sido durísimo. El jueves "penúltima" fiesta erasmus y hasta las 9. El sábado desdepedida de Isidro y hasta las 8, aqui la gente ya va a pajera abierta, se han quitado la careta y hasta que aguante la maquinaria. Esto me lleva hacia otra de las teorias que llevo muchísimo tiempo desarrollando con suerte desigual.

Desde tiempos mucho más pueriles, desde los campamentos y viajes de la junta en los que los monitores era gente recien salida del correccional de hábitos extraños siempre he creido que cuando se acerca el final casi siempre pasan más cosas. Dicho así suena extraño, porque no deja de ser filosofía y es una materia muy densa, vamos a poner algunos ejemplos. ¿Cuando venden más las tiendas?, pues al final de la temporada, porque hay rebajas. Ahora vamos con los paralelismos en la vida real.

¿Cuando son las mejores fiestas? Pues la de final de año. Esto es extrapolable a los viajes de la junta, ¿cual era el único día en el que se hacía botellón con una fiesta de la leche?, pues el también el último. Con la erasmus pasa exactamente igual, ahora hay más examenes, más fiestas, más de todo. Pues tras esta tontería voy a amenizaros la sesión con un poco de material gráfico reciente.



Esperando a la gente.



Los tres mosqueteros.



Vito Corleone.



Cuesta abajo.

PD. Esto es un coñazo, cada foto tardo en ponerla un ratillo. Voy a cerrar con algo grandioso que un iluminado nos mostró en dicha fiesta. Ahí va eso. Ramnón el vanidoso.

domingo, 6 de julio de 2008

Apagué y encendí el router.



Vuelvo a recurrir a Enjuto Mojamuto y otra vez al mismo video. Aquella vez era porque me había quedado sin Internet, mejor dicho, me lo habían cortado por ansías. Me bajé una barbaridad de cosas en una semana y como todos sabeis, aquí hay alguna reminiscencia del sistema socialista. Siempre fueron muy de multas... bueno y también de verjas y muros, eso también les gustaba muchísimo.

Lo que me ha ocurrido hoy no tiene nombre, ha sido algo extrañísimo. Yo pensaba que se puede tener morro, cara, picaresca, ser algo "aprovechao", pero no llegar al extremo que he vivido hoy en mis propias carnes. Está claro que las redes "WIFI" son muy cómodas por aquello de no tener cables por en medio, al principio erán también un chollo para los vecinos, pues uno paga y veinte lo disfrutan. Así que decidieron ponerles contraseña, así cada uno sabe quien utiliza los servicios que paga.

Recien llegado de Berlín y con 7 horas de regional a la espalda he entrado en casa con sed y ganas de que quedarme en calzoncillos un rato. Poco me ha durado la alegría, al rato ha sonado el timbre de casa, era la vecina. Una chica de Magdeburg con la que me llevo bastante bien, aunque no todo lo que a mi me gustaría, ¿no creo que haga falta que la describa no?. "Hola, ¿que tal? no me funciona vuestro internet, ¿podría reiniciar el router?" me ha dicho de buenas a primeras. Recien duchada y vestida de corto me ha pillado algo desorientado, "si, si, pasa. Si sabes como funciona adelante".

Hemos hablado un rato y se ha bajado a su casa como ha venido, sin internet. Algo estaríamos haciendo mal cuando un internet de 48 euros no arrancaba. Me he vuelto a quedar en traje de faena, en calzoncillos y he seguido viendo una interesante pelicula de Jennifer Aniston. Nunca os habeis fijado que Jennifer Aniston siempre hace los mismos papeles; chica guapa que le cuesta encontrar novio. Dentro del género cinematográfico que podríamos denominar como "fácil de ver o de la tarde siguiente a un gran ciego". Con esas pretendía seguir viendo la peli cuando...

Vuelven a llamar a la puerta. Era el compañero de piso de la chica de Magdeburg, "Sigue sin ir internet, ¿puedo probar a reiniciar el router?". Y he pensado "Joder... que morro, a la otra recien duchada y vestida de corto le dejo que use mi cortauñas si hace falta, pero a tí...". Al final al ha pasado, ha reiniciado el router y ha conseguido que arrancara el internet de 48 euros, obviamente ninguno de ellos puestos por él.

Creo que mañana bajaré recien duchado a hacerme un merluza rellena en su horno con la excusa de que el mió no gratina bien. A ver si así puedo prácticar un poco de alemán con la chica de Magdeburg.

viernes, 20 de junio de 2008

Día -45. Si Mahoma no va a la montaña...

Pufff, hace muchísimo calor en Leipzig. No sé si habeis ido alguna vez a Murcia en verano, pues es parecido. Cuando te bajas del autobus en Murcia notas como la camiseta se te adhiere al cuerpo como los chicles en las aceras, por eso no me gusta mucho Murcia. Bueno, por eso y por otras muchas cosas más, soy de Albacete y me tiene que disgustar Murcia, eso es así. También soy yo de prejuicio fácil, a mí no me hace falta comer sardinas para beber agua.

Mañana viene la familia para Leipzig y estoy aqui tumbado en la cama, algo nerviosete. Más que nada porque tengo que ir a Berlin a recogerlos y conociendome como me conozco soy muy capaz de perder el trén. Y si con la familia empiezas dando la de arena, malo, muy malo. Y lo que mal empieza, peor acaba. Por lo pronto me he puesto el despertador a eso de las 7.30 de la mañana, el tren sale a las 9.26 pero tengo que elegir el vestuario a conciencia (las madres son muy suyas para esas cosas y más para cuando llevan tantos meses sin ver a un hijo). Veremos como me despierto mañana.

Va a ser esta una semana muy de emociones fuertes. Desde mañana hasta el martes me toca enseñar a la familia lo más bello de la antigua RDA (Dresde y Leipzig). Lo de lo más bello lo digo yo, a la mayoría de la gente estas ciudades les parecen cutres. Tienen el puntillo ese socialista que no suele gustar a las madres, pero bueno... también es verdad que a las madres con ver a sus hijos hasta Manchester les puede parecer precioso.

El martes se irán, espero que después de haberlo gozado una cosa bárbara. Y el jueves casi sin tiempo para descansar ire a Madrid con la sana intención de graduarme. Con lo de graduarme quiero decir que ire al acto ese tan bonito y luego me bebere un par de chatos de vino. En ningún momento significa que termine mis estudios, ni muchísimo menos. Pues eso... me aburría un montón, hace un calor "murcianico" de la leche y así no hay quien duerma. Y como los otros trucos para dormir requieren de una actividad intelectual mayor, pues he decidido escribir esta cosita. Hasta la próxima, quizás desde la capital del imperio.

sábado, 14 de junio de 2008

Día -50. Mi primera vez.

Obviamente en un blog que lee mi madre no voy a hablar de la primera vez que le di a la "pistolica" un segundo uso. Y aunqué así lo hiciera, la descripción sería horrible porqué si de la última no me acuerdo muy bien, como para contar la primera. Hablo de la opera, de mi primera vez en la opera. ¿Y que coño hace este en la opera? os estareis preguntando, pues os lo voy a explicar. Es la historia de una cagada detrás de otra pero bueno, los suicidios sociales no matan, eso es lo bueno.

En unos días vienen mis padres y mis tios. Yó, con la intención de agradar y tratar de enseñarles el pequeño Paris de la mejor de las maneras pense en la opera como una buena actividad. Ciudad de Bach, ciudad de la música, era buena opción. Yo, gandúl como yo solo saqué las entradas por internet con la mala suerte de que la maquinita se equivocara. Me ví con cinco entradas para "El rapto del Serrallo" de Mozart el seis de junio. Intenté cambiarlas o devolverlas con resultado negativo. Traté de revenderlas y nada.

Menos mal que soy algo cutre y saqué las más baratas. Ante esa tesitura pensé que lo mejor sería ir a la opera, era la única manera según la cual no habria derrochado todo el dinero. Con ese panorama me planté en la opera de Leipzig media hora antes del inicio con la sana intencion de revenderlas, pero claro... no toreaba José Tomás, así que me las comí con patatas. Al entrar a la opera descubrí el ¿por que? del bajo éxito de la reventa.

El ambiente era algo extraño, todo el mundo vestía con sus mejores galas y yo iba con unos vaqueros roidos (los segundos más roídos, los del accidente de bici no son muy procedentes para la opera). Eso sí, para el gusto de mi madre, he de decir que me puse un polo, que cuando hay que vestir bien, se viste bien. El aforo no superaba el 25%, intentamos colarnos en la platea, pero nos cerraron con la puerta en las narices. Tal y como rezaba nuestra entrada: "¡¡Al gallinero!!"

Durante las 2 horas de obra tuve tiempo para todo, principalmente dediqué mucho tiempo a observar al píblico. En el gallinero todo eran abuelos que dormían como una cesta de gaticos al lado de una estufa, también había un grupillo de cuarentones snobs. Cada cierto rato nos miraban como diciendo "vaya gentuzo viene a la Opera", cada vez que me miraba me daban ganas de partirle la cara, pero lo piensas friamente y te apiadas de él. Pobre infeliz, se ha puesto su mejor traje para venir a una opera de serie b y encima en el gallienero.

En la platea no sé lo que había, me imagino que gente de bien. En cuanto a la opera, estuvo bien, le sobro media horita pero estuvo bien. Lo mejor fue sin duda cuando un caballo entro en el escenario. Empecé a dar palmas bajo la atenta mirada del snob anterioremente criticado.

P.D. Esto ocurrío antes del accidente. Es como cuando los artistas descartan algunas canciones para un disco y meses después las publican porque no tienen nada mejor, pues aquí igual.